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El dispositivo archivístico se presenta en el campo de la memoria visual bajo inquietantes formas desafiantes; éstas tienen un carácter expansivo, abierto, heterogéneo.A través de un enfoque de género (o perspectiva feminista) permite expandir la exploración de las imágenes y ampliar el intercambio para poder confrontar enteramente desde el presente. Son las sobrevivientes las protagonistas e intérpretes de sus propios relatos. Ellas, en primera persona, son las encargadas de recopilar las propias fotografías que ellas mismas realizaron y, de este modo, reconstruyen obstinadamente los mecanismos que derivarán en la memoria colectiva de la comunidad trans/travesti: “recordar como una actividad vital humana define nuestros vínculos con el pasado, y las vías por las que recordamos nos definen en el presente”.[1] La construcción y protección del material en custodia del AMT no se basa en el simple almacenamiento de datos, sino que dispone nuevas condiciones para la reelaboración de su contenido y su respectiva representación. El Archivo se proyecta como un dispositivo vivo y en constante movimiento, no se transforma en un mero rejunte de documentación inerte, sino que le otorga entidad a los ecos de las voces de aquellas que ya no están. La apuesta es rescatar aquello que todavía se mantiene activo, porque lejos de ser algo estático o hermético, el Archivo se concibe como potencia en mutación, y busca vencer el olvido recuperando desde el pasado las huellas de una memoria cultural acallada. Igualmente es dinámico, porque es partidario de la ruptura, la pluralidad, lo diverso, lo fractal.

El AMT posee en su esencia la noción de devenir; desde un soporte móvil, su lógica micro política es disidente, y en términos de Deleuze y Guattari estas minorías se conciben como una reserva revolucionaria. Se trata de un proyecto independiente y autogestivo. Su carácter es expansivo, en el sentido de que posee la cualidad de multiplicarse, de pensarse a modo de trama, en forma de red abierta y mutable. También es un proyecto sensible, porque al trabajar directamente con imágenes y escritos cargados de recuerdos, anécdotas, y relatos de la clandestinidad es imposible no verse interpeladx por éstas historias omitidas. El AMT fue creado y gestionado gracias a la inmensa generosidad de las distintas compañeras que donaron y/o prestaron sus cajas y álbumes familiares.

Para nosotras, cada fotografía es un ítem de conocimiento e información. De cada documento-perteneciente a nuestro registro interno de normalización[2]-se toman tres campos de metadatos (cada campo posee alrededor de 10 ítems) para el tratamiento documental de los fondos y colecciones, tanto para una unidad documental simple como para una unidad documental compuesta (fotografías seriadas). Ejemplo de unidad simple: metadatos a consignar

[1] Anna Maria Guasch (2011) Los lugares de la memoria: el arte de archivar y recordar

[2] A principios de 2018 recibimos un premio del programa Ibermemoria Sonora y Audiovisual. A partir del mismo recibimos capacitaciones y apoyo en gestión por parte del Foto Observatorio del Patrimonio Mexicano. Gracias a ellxs establecimos un sistema de normalización documental para nuestro proyecto.